Velada Straussiana, desbordante y apasionada

(Photo by Antoni Bofill)

By CARLOS GARCIA RECHE     APR. 28, 2018

La calurosa tarde del último sábado del 28 de abril se acompañó de una intensa dosis de pasión que sacudió el corazón del público barcelonés. La admiración de los amantes de la música de la Ciudad Condal por Wagner es ya una tradición que desde hace más de ciento cincuenta años, reúne a melómanos y amantes de Wagner en el Gran Teatre Liceu. Richard Strauss (muy influenciado por las óperas de Wagner) también se hizo un hueco en la hemeroteca y en la historia del Teatro al estrenar (en España) óperas cumbre en su carrera, como Salome (1910) o Elektra (1949) (cuya producción de Patrice Chéreau la temporada 2016 cosechó un gran éxito en Barcelona). Así lo atestigua también la historia de la Orquesta Simfònica del Gran Teatre del Liceu, dirigida en varias ocasiones por el propio Strauss. Desde 2012 sin embargo, es el consagrado Josep Pons el encargado de hacer vibrar las butacas del teatro catalán. Director muy querido por público y crítica.

La oferta del sábado 28, trataba de hacer un repaso light por la obra del maestro bávaro con tres de sus más emblemáticas obras en dos partes. La primera, abriría el concierto con Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel Op. 28. Le seguían las Cuatro últimas canciones, como obra central, que iba a contar con la portentosa soprano Jacquelyn Wagner habitual en los teatros europeos, y en la segunda parte, Muerte y transfiguración Op. 24.

Tras un fondo azul, irrumpían puntuales sobre el escenario el ejército de músicos a las órdenes del director catalán. Los juguetones leitmotivs del pícaro Till Eulenspiegel pronto llenaron el auditorio con sonido equilibrado (aunque la percusión sorprendió a más de uno) y se apreció a la orquesta recorrer las numerosas exigencias de este “breve” poema sinfónico. Desde platea el sonido era casi inmersivo, pero había que esforzarse para huir de toses y carraspeos.

Tras el enérgico final del Till Eulenspiegel, se procedió a una nueva y breve afinación antes de dar paso a la diva invitada. La altísima cantante asaltaba el escenario de azul marino para conjuntar con el fondo y acaparar toda atención antes de abordar una de las cúspides del lirismo alemán, Vier letzte Lieder, con textos de Herman Hesse y Eichendorff, composiciones que Strauss nunca pudo escuchar. Las cuatro últimas canciones sonaron en el teatro con una voz totalmente injertada en el tejido sonoro orquestal, transmitiendo puro sentimiento y pasión. El no incluir la letra de los textos en la hoja de programa y proyectar la traducción pudo haber molestado a algún espectador que no quería pestañear o, si lo hacía, se arriesgaba literalmente a llorar. La poderosa soprano empezó a cantar Früling (Primavera), la más apasionada de las cuatro, que se inició sin prisas, y permitió a Jacquelyn alargarse en sus fraseos a placer. La melancólica September más a tempo dejó a un público sin aliento y maravillado con los pasajes de trompa. En Beim Schlafengehen (Al irme a domir), se distinguió la calidez del violín de Kai Gleusteen (concertino) en su solo arrebatador. Im Abendrot (En el crepúsculo), acabó por desbordar a los oyentes.

Tras la pausa, sonó Tod und Verklärung, una obra de extraordinaria profundidad y madurez para un joven compositor (Strauss la estrenó con 25 años). Se apreció cohesión y color bajo la batuta de Pons, más corporal y expresivo si cabe que en Till Eulenspiegel para una partitura llena de contrastes y caracteres durante sus cuatro movimientos. Entre las innumerables intervenciones solistas cabe destacar el triple solo que protagonizaron Kai Gleusteen, Alejandro Garrido (primer viola) y Peter Thiemann (primer cello) en un delicado pasaje lleno de matices. Por alguna razón, no se indicaron movimientos ni parte alguna en la hoja de programa de este poema sinfónico, cosa casi incomprensible. Los nombres de los movimientos resultan muy descriptivos para el oyente. Tras el celestial y enigmático final en do mayor, sólo cabe una larga y merecida ovación como la que tuvo lugar en el corazón de la Ramblas. Josep Pons y su orquesta regalaron una embriagadora sesión de belleza y emoción, con la gigantesca actuación de la americana Jacquelyn Wagner que maravilló a un público rendido a Richard Strauss.

liceubarcelona.cat

One comment on “Velada Straussiana, desbordante y apasionada
  1. Buen resumen de la magnífica sesión de Josep Pons y su orquesta.
    Emocionante la actuación de la soprano rozando la perfección

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