Radu Lupu, una leyenda

(Photo by Sveriges Radio)

By XAVIER RICARTE     MAY. 10, 2018

Escuchando el nombre de Radu Lupu nos viene en mente sus contadas grabaciones. Beethoven, Brahms, Grieg, Schumann, Mozart y Schubert son algunos compositores a los que rinde una hermenéutica profunda en la historia del pianismo. En ésta ocasión, concierto a su compositor más interpretado, Franz Schubert.

Una vieja figura sentado en una silla iniciaba la velada de manera modesta y reservada.

Los 6 Moments musicaux op 94 D780 nacían y empezaban a formarse con cara y ojos cambiando de modo Mayor a modo Menor de forma insistente y añadiendo rasgos diferentes uno tras otro. Un Andantino amable pero inquieto armónicamente, con luz e introspección. También encanto y gracia formaban el 3o de los Moments. Suavidad y una idea parecida a un preludio de Bach en el Moderato. Un cambio radical en la siguiente pieza, carácter enérgico, vivo. Y madurez e imaginación en el último Allegretto, cerraban ésta 1a degustación del Schubert de Lupu.

La Sonata no 14, op 143 D784, fue como un vaivén de dramatismo y silencios. Una línea a idea de perpetuum mobile que parecía no cesar nunca. Un tempo retenido que remarcaba la intensidad de cada pasaje. Los bajos marcados, profundos además, trinos que enfurecían el espíritu de cada episodio. Un Andantino corto y apaciguado, tonos cálidos y con balanceos de armonías agradables a otras punzantes. Y una conclusión activa y con cierto nervio.

El punto fuerte del concierto venía en la 2a parte con la gran Sonata no 20, D.959. Qué decir de ésta obra que Radu Lupu conoce como la palma de su mano y que fascina a todo aquél que la escucha… Todo él estático dejaba fluir una música llena de vida que se esparcía a través de las mentes. Un momento muy doliente y triste en el 2o movimiento Andantino exponía la angustia y el tormento del mismísimo compositor de forma evidente. Seguidamente, un Scherzo bastante calmado, sin prisa que relajaba un poco el dolor del movimiento anterior. Y por finalizar, una clausura muy natural y agradable en el Rondo.

Ese blanco rostro mostró cierto malestar al terminar las sonatas debido a sus repetidos fallos de notas. Lo que seguramente él no tuvo en cuenta fueron todos aquellos ricos matices que nos regaló, la construcción envolvente a pequeña y a gran escala que creó, y la vivacidad que despertaba en cada uno de esos pasajes. Todo un conjunto de delicias que tapan esas insignificantes manchas. Resultados que rompieron de lleno el falso manto de “perfección” que hoy en día encubre la auténtica magia de interpretar con buen gusto.

Placer y un enorme privilegio poder escuchar en directo a ésta leyenda viva del piano.

 palaumusica.cat

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