Música desde la máquina

 

By JOSUÉ BLANCO     FEB. 10, 2018

 “La expresión Deus ex machina fue acuñada por Aristóteles dentro de las convenciones de la tragedia griega (…) ¿Somos dioses dentro de las maquinas? ¿Somos ya dioses más allá del cuerpo?” Estas son algunas de las reflexiones que Ferran Cruixet nos apuntaba en la presentación de su obra Deus ex machina que la OBC interpretó ayer juntamente con el Concierto para dos pianos y orquesta nº 10 de Mozart y la Sinfonía nº 1 de Brahms. Concierto completo e inusual tanto en la selección de las obras como por los protagonistas de la velada.

Deus ex machina representa el cuarto y último episodio de la tetralogía Cyborg del joven compositor barcelonés Ferran Cruixent, una obra que se enfoca en la relación entre la tecnología y la humanidad, un tema muy actual y tratado tanto en el cine como en conocidas series televisivas, de las que no hace falta decir el nombre. El objetivo de Cruixent en esta obra era preguntarse si el hombre de hoy puede salvarse, es decir, puede encontrar la solución a sus problemas a través de la machina, dígase internet, teléfono móvil,… Así como en el final de muchas de las tragedias clásicas donde la divinidad aparecía gracias a una máquina para ofrecer la salvación al hombre, Cruixent elabora entonces un discurso entre la orquesta y los recursos tecnológicos, entre lo humano, lo orgánico y aquello mecánico o artificial. Una simbiosis elaborada donde los propios músicos interactúan con los elementos tecnológicos, lanzando pistas mp3 desde sus móviles o los que creando sonidos aparentemente artificiales mediante el uso de nuevas técnicas interpretativas.

Es interesante ver las múltiples reacciones del público –e incluso la de algunos músicos de la orquesta– ante estos nuevos recursos que ciertos compositores actuales deciden utilizar. Quizá algunos tengan dudas sobre la necesidad de usar nuevos elementos apodados “extramusicales”, utilizando el título de la obra cómo pretexto; el mismo Aristóteles muestra su desacuerdo con ciertos usos del deus ex machina en el capítulo 15 de su Poética: “lo correcto, por tanto, en los caracteres así como en los incidentes del drama es buscar siempre lo necesario o lo probable; de modo que cuando tal personaje diga o haga tal cosa, sea la necesaria o probable consecuencia de su carácter. A partir de esto se advierte que el desenlace también debe surgir de la fábula misma, y no depender de un artificio de la escena (…) Poética, Aristóteles. III, 15

Aún así cabría pensar, en el punto en el que nos encontramos, ¿porque estos elementos, que ya forman parte de nuestra vida diaria, no pueden formar parte de una obra musical, como si forman parte de otras obras artísticas? Quizás este planteamiento también fuera una intención del autor en esta obra.

La siguiente obra, el Concierto para dos pianos y orquesta nº 10 de Mozart también planteaba un discurso interesante, un discurso a tres bandas entre la OBC, la gran pianista Maria João Pires y el joven pianista Ignasi Cambra. Mozart plantea en este concierto el terreno ideal para que se unan la experiencia y la juventud: un formato único en el repertorio de Mozart pero con todo su lenguaje y carácter; el concierto se desvía de la estructura usual de los otros conciertos para piano solo, afirmando el diálogo entre los solistas quienes intercambian el fraseo en imitación o bien se acompañan uno a otro, mientras la orquesta se limita a permanecer mucho menos activa que en otras obras, un puro juego de repeticiones, adornos y artificios pianísticos, siempre con un fraseo delicado y claro típico de la música de Mozart y en el que Pires está tan versada. Ya hace años que Maria João Pires impulsa el “Proyecto Partitura” en el que comparte escenario con jóvenes talentos: en este marco se ha escogido este brillante concierto de Mozart para subir al escenario con el pianista catalán Ignasi Cambra, formado en Barcelona y en Estados Unidos y que se ha relacionado con grandes músicos como Alexander Toradze o Valery Gergiev; su debut con la OBC marca la continuidad de una carrera ya emprendida y de la que oiremos a hablar.

Tras la pausa llegaba el momento clave para Kazushi Ono, el director titular de la OBC que vuelve con su orquesta dirigiendo una obra que hacía tiempo quería hacer con ella, en palabras suyas: “las sinfonías de Brahms obligan a hacer un trabajo completo para hacer crecer el sonido de una orquesta”.

Sin duda, la primera sinfonía de Brahms es una obra paradigmática: el “fantasma” de Beethoven acosó al compositor que tardó alrededor de veinte años en finalizar esta primera sinfonía, que algunos bautizaron como “la Décima sinfonía de Beethoven” por todos los detalles beethovenianos que se respiran a lo largo de la obra.

En efecto la dedicación y el respeto de Brahms hacia la música y al género sinfónico se perciben en esta obra, tanto en la construcción cuidada de la estructura como los elementos orquestales e instrumentales o el trabajo motívico. La importancia de la visión del destino que recorre varios movimientos de la obra, desde la alusión a la 5ª Sinfonía de Beethoven en el primer movimiento como en el “motivo del destino” de la trompa del cuarto movimiento.

En definitiva la 1ª Sinfonía de Brahms es un claro ejemplo del trabajo minucioso y detallado de Brahms: gracias al éxito de esta primera sinfonía en menos de ocho años Brahms escribiría otras tres sinfonías todas ellas un reflejo de su propia evolución y ampliación compositiva. Quizás  el compositor alemán no se acercó al mágico número de las 9 sinfonías, pero quizás ese mismo complejo y dedicación que mostró en la elaboración de sus cuatro sinfonías, y que se muestra en el resultado sonoro de estas obras, sea lo que enamoró a Kazushi Ono en la elección de esta obra. Sin duda esa admiración se reflejó en sus gestos y la conducción de una obra que llevó de memoria. Quizá esa pasión sea un reflejo de la admiración hacia la buena música.

auditori.cat

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