Historia de la danza (I)

By EVA MESALLES     NOV. 4, 2018

La danza en Grecia

La historia de la danza como actividad humana empieza en el momento en el que el hombre primitivo aparece en escena y comienza a moverse sobre la tierra. El hombre primitivo utilizó muy pronto la danza como forma no sólo de expresión sino de comunicación con las fuerzas y fenómenos intangibles, así como con sus  propios congéneres. Los griegos fueron los primeros en reconocer el poder de la danza y en considerarla un arte hasta el punto de otorgarle su propia musa, Terpsícore. El objetivo de la danza en Grecia era la catarsis y, por ello la danza, siempre en conjunción con la música y la poesía, era el vehículo apropiado para permitir la comunicación con los dioses del Olimpo.

 La Edad Media

Durante la época romana y en la Edad Media, la danza se mantuvo apartada del desarrollo artístico de su tiempo. Durante la Edad Media la corte se encerraba en sus palacios practicando las danzas bajas de las que apenas tenemos conocimiento. Frente a éstas, la danza popular floreció en todo lo que hoy conocemos como folklore. De hecho, las danzas folklóricas que hoy en día sobreviven provienen de estas danzas de expresión popular con las que el pueblo se rebelaba de alguna manera contra las prohibiciones de la Iglesia durante las fiestas y celebraciones paganas.

 El Renacimiento

La llegada del Renacimiento proporciona un respiro pues en esta época todas las artes escénicas van a experimentar un empuje y desarrollo espectacular. De Italia van a surgir los primeros manuales teóricos sobre la práctica de la danza.

Alrededor de 1450 Domenico de Piacenza será considerado como el primer coreógrafo de la historia. En Italia, los espectáculos que incluían la danza experimentaron un gran desarrollo y artistas como Botticelli, o Da Vinci, diseñaban escenografías para los mismos.

En Francia, Catalina de Medici será la responsable directa de plantar la semilla que germinará años después en la corte de Luis XIV, el Rey Sol. Catalina de Medici era una mujer educada en el mejor ambiente cultural de su época y su gusto por la danza hizo que ésta le sirviera para sorprender a sus invitados. Al ballet de esta época se le conoce como ballet comique. En realidad se trataba de obras con clara tendencia política propagandística y que no requerían de una técnica especial ni de una invención coreográfica; lo importante era el decoro y la situación espacial de los bailarines.

En el s. XVII  la danza se convierte en un espectáculo amparado por la corte en lo que hoy conocemos como les masques. Su origen tiene lugar en la época de Enrique VII y se mantiene durante las épocas de Tudor, Isabelina y Estuardo. La fórmula de les masques inglesas se componían de entradas, salidas, números  de danza, números musicales y, gracias a la colaboración de poetas como Jonson o Milton, de poesía.

Las primeras academias de danza

Mientras en Francia el ballet de cour comienza su decadencia, un italiano, Giovanni Baptista Lulli, que se convertiría en Jean Baptiste Lully, introdujo una serie de reformas en la corte que harán que la danza se convierta en arte escénica.

Lully era músico y bailarín de gran nivel. En 1653 apareció en el Ballet de la Nuit que tuvo una duración de unas trece horas. Consiguió el apoyo de Luis XIV con el cual se abre una nueva etapa. En 1661 Luis XIV fundó la Real Academia de la Danza, la primera en ser creada como tal y el modelo a seguir desde entonces por los demás países en los que iba a desarrollarse la danza.

Con la creación de la Real Academia de Danza tan sólo faltan unas décadas para la aparición de la Escuela de Ballet de la Ópera de París en 1713, la más antigua de la historia. Con esta escuela, la danza continuará su desarrollo lo largo del siglo posterior, dejando ya totalmente establecido las bases que permiten explicar la aparición y el triunfo ya en el siglo XIX del ballet como arte escénica.

El mayor homenaje a esta época de esplendor naciente en la historia de la danza lo constituye La bella durmiente (1890), de Marius Petipa, con su mirada nostálgica a la corte versallesca y su aportación al ballet. No cabe duda de que el ballet, aun hoy en día, desciende de esas formas y gustos cortesanos. La danse d,école, gracias a las academias, queda establecida y perfectamente codificada para su desarrollo posterior.

El próximo capítulo tratará de la evolución de la técnica de los bailarines y de la complejidad y esplendor de los ballets en la historia de los siglos XIX y XX.

operadeparis.fr

 

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