Cara a cara con Stravinsky

 

By JOSUÉ BLANCO     MAR. 4, 2018

“No basta con oír la música; además, hay que verla”. Esta celebre fase de Stravinsky define perfectamente lo que debe ser la experiencia de “ir a ver un concierto”: cuando aceptamos el desafío de escuchar música en un auditorio no podemos pasar por alto el importante contenido visual y de la  experiencia estética global que se nos ofrece; pero cuando además se trata de la música del mismo Stravinsky todo ese desafío cobra un cariz especial.

En esta ocasión la OBC nos traía una obra desconocida del gran compositor ruso, la recientemente descubierta Funeral Song, op. 5, junto a uno de sus ballets mas conocidos: Petrushka. Para completar el programa y dividiendo entre las dos obras de Stravinsky se interpretó el Concierto para violín y orquesta “L’arbre des songes” de Henri Dutilleux con el violinista invitado Ilya Gringolts, bajo la dirección del finlandés Hannu Lintu.

Stravinsky ya es de por si un compositor de contrastes claros, hecho que se observa en los diferentes lenguajes y estilos que usa en algunas de sus obras más celebres, pero sin duda en esta ocasión teníamos la oportunidad de escuchar un Stravinsky diferente, uno desconocido o más bien olvidado en el tiempo, un Stravinsky joven que llora por la muerte de su maestro, Rimski-Kórsakov, a la memoria del cual estaba dirigida la primera obra del programa y que se estrenó a los pocos meses de la muerte de este. La pieza no se volvió a interpretar posteriormente y quedó olvidada hasta el punto de llegar a desaparecer por mas de cien años. El 2015 la partitura apareció en los archivos del conservatorio de San Petersburgo y un año mas tarde Gergiev junto con la  orquesta del teatro Mariinsky dieron nuevamente voz a la obra. Desde entonces muchas de las grandes orquestas han seguido sus pasos, entre ellas la OBC.

Esta pequeña obra de Stravinsky nos muestra a un compositor joven pero asentado en su lenguaje que ya encara una de sus obras mas conocidas, el Pájaro de Fuego (1910), aunque en la ocasión de la Funeral Song con un estilo algo sobrio dada la solemnidad del motivo de la obra pero con elementos muy definidos como la armonía cromática y una orquestación muy rica y elaborada; un claro homenaje a su maestro. En la interpretación que nos ofreció la OBC quizás algunos detalles pasaron un poco por alto y el resultado sonoro se mostró algo tímido; aún así la emoción de poder escuchar un Stravinsky inédito se reflejó en el entusiasmo del público.

Antes de la pausa Dutilleux se hizo un espacio entre Stravinsky con su Concierto para violín y orquesta “L’arbre des songes”. Una obra de gran formato, con una orquestación extremadamente detallista, muy diferente de otros conciertos pensados solo para el lucimiento del solista. Dutilleux trabaja de forma muy elaborada tanto la forma como el desarrollo temático: el conjunto de estos elementos crecen y se expanden, como el mismo compositor sugería sobre la obra: “en general, la pieza crece como un árbol, porque la constante multiplicación y renovación de sus ramas es la esencia lírica del árbol Esta imagen simbólica, así como la noción de un ciclo estacional, inspiraron mi elección de ‘L’arbre des songes’ como el título de la pieza”. A todo esto el papel del solista se desenvuelve entre el denso magma orquestal, tarea complicada para el violinista ruso Ilya Gringolts que maniobró con elegancia y un sonido claro por medio de la masa sonora.

En la segunda parte una OBC más descansada nos presentaba Petrushka, el segundo de los grandes ballets rusos de Stravinsky, obra que suele quedar eclipsada tanto por El Pájaro de Fuego como La Consagración de la Primavera, pero que representa un escalón necesario entre ambas obras, tanto en la evolución de su lenguaje como en la adaptación de la escritura y los registros usados tanto en la orquestación como en la armonía y el ritmo. El título ya nos habla del protagonista de la historia, Petrushka, una marioneta que cobra vida ante nosotros para vivir una historia de amor y de tragedia. Aún así no faltan los ambientes festivos típicos rusos que envuelven las escenas de la acción, descritas con una música alegre y relajada aunque también teñida de elementos dramáticos y vivos. De hecho muchos de estos elementos musicales y estilísticos se llegan a fusionar literalmente en la música, siendo un claro ejemplo de politonalidad el principal motivo de la obra, el conocido como acorde ‘Petruschka’, que se muestra en diferentes disposiciones o formando pequeñas melodías a lo largo de la obra como un leitmotiv del protagonista. Todos estos elementos aportan una riqueza increíble a la obra que requiere una interpretación apurada y precisa en la que destacan instrumentos como la trompeta, la celesta o la percusión pero por encima de todos el piano; de hecho, en un primer momento Stravinsky concibió la obra como un concierto para piano, pero ante la insistencia del empresario, y su jefe, Serguéi Diáguilev, decidió convertirla en un ballet.

Hannu Lintu se mostró muy eficaz en esta segunda parte, a la vez que mostró unos nervios de acero ante un público algo más irrespetuoso de lo habitual: hasta en tres ocasiones pareció que detenía la orquesta ante la insistencia de algunos teléfonos móviles inquietos; por suerte no se tuvo que lamentar un final trágico ante este hecho, ante el qual quizás otros directores habrían tomado decisiones mas contundentes.

auditori.cat

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