Bostezos expuestos

(Photo by Antoni Bofill)

By ISRAEL DAVID MARTINEZ     MAY, 26, 2018

El pasado 26 de mayo, en el Palau de la Música Catalana, tuvo lugar el esperado homenaje al compositor estadounidense John (Coolidge) Adams. Con motivo de su septuagésimo aniversario se invitó al maestro para que dirigiera su propia música en un gran concierto con la participación del Orfeó Català, el Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana, el Cor Jove de l’Orfeó Català y la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya.

La primera parte empezó con la breve e intensa Short Ride in a Fast Machine, una obra al estilo fanfarria interpretada con cierto interés por parte de una orquesta de enormes dimensiones. John Adams, antes de empezar la segunda obra del programa, dio una pequeña clase de análisis comentando que su Absolute Jest, para cuarteto de cuerda solista y orquesta, estaba inspirada en dos obras pertenecientes al repertorio para dicha formación camerística, concretamente en los op. 131 y 135 de Beethoven. Aunque se olvidó del micrófono y tuvo que dar explicaciones a viva voz, el compositor supo conectar con el público y, antes de subir al púlpito, gritó: “Ahora vamos a tocar jazz”. Fue aquí cuando empezaron a aparecer ciertas maneras en la orquesta que llamaron la atención: caras inapetentes, somnolencia apabullante, pasotismo generalizado y bostezos reincidentes. El cuarteto solista, el Attacca Quartet, estuvo a un gran nivel. Gracias a él la obra se mantuvo en un tempo aceptable.

En la segunda parte y con la espectacular obra para coro y orquesta Harmonium con textos de John Done y Emily Dickinson aparecieron los coros y el nivel general mejoró sustancialmente. No obstante, la orquesta siguió haciendo de las suyas alcanzando un nivel exiguo, en ocasiones bochornoso: los músicos no entraban en el compás correcto –lo hacían en otro y no corregían–, las partituras se fueron cayendo de los atriles, las caras de desgana fueron de cómic y el aburrimiento de los intérpretes se quiso trasladar a la sala. Parece ser que el maestro ya tuvo problemas de orden y de cortesía en los ensayos. En los mismos pidió que los músicos de la orquesta dejaran de utilizar los móviles y de hablar entre los movimientos y algunos intérpretes pasaron absolutamente. John Adams, al presenciar dicho trato, se quedó muy sorprendido.

Resulta chocante que, a nuestra ciudad, venga uno de los grandes compositores de los últimos 50 años y, desde la orquesta, se le trate con esa falta de consideración y profesionalidad. Se debería tomar nota de lo sucedido y poner remedio lo antes posible.

 palaumusica.cat

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