Pablo Derqui un Calígula inmenso

 

By EVA MESALLES     NOV. 19, 2017

El escritor Albert Camús, uno de los autores imprescindibles de la Francia del s. XX y premio Nobel de Literatura en 1957, partió de la descripción de Calígula en De vita Caesarum creado por Suetonio para construir este drama. Su protagonista se enfrenta al absurdo de la existencia, uno de los temas favoritos de Camús. En esta ocasión el incombustible Mario Gas realiza una versión con elementos a veces confusos y otras extravagantes, en la cual el valor del texto y su protagonista principal Pablo Derqui hacen que esta producción sea de obligada asistencia para los amantes del teatro.

Camús dejó escrito que no quería que la obra se representara con togas romanas ni se situara en la era imperial. En esta función Paco Azorín ha creado una escenografía en un plano inclinado inspirada en el Palazzo Della Civiltà de Roma, evocando las construcciones del fascismo italiano de la época de Mussolini. En cuanto al vestuario, diseñado por Antonio Belart, está más cerca al estilo de El gran Gatsby que al de los romanos, utilizando trajes chaqueta o fracs en black and white emulando la fastuosidad de la famosa fiesta de Truman Capote.

Hay que señalar que la presencia en determinadas escenas de personajes cinematográficos como La máscara o The Jocker cantando canciones pop-rock y con un micro en la mano, no dejan de asombrar al espectador hasta el punto de rozar lo absurdo. El propio Calígula se convierte en David Bowie con zapatos de plataforma, mallas de lentejuelas y rayo incluido en la cara. Esta licencia, al igual que el uso de luces de discoteca y música fuera de contexto, sorprende y descoloca a partes iguales.

Pablo Derqui borda el personaje y brilla en todo momento en el escenario. El actor pasa durante la representación por los diferentes estados de ánimo de un personaje desquiciado tras la muerte de su hermana y amante Drusila. Este hecho le hace reflexionar sobre lo absurdo de una existencia que tiene fin. “ El amor no existe. Quiero la luna en mis manos”, le exige a su criado Helicon, mientras somete a sus súbditos a una tiranía in crescendo constante.

En los encuentros de Calígula con su esposa Cesonia interpretada por la sensual y bella Mónica López, siempre hay electricidad. También se produce en sus relaciones con Escipión (Bernat Quintana) al que el emperador admira porque representa su yang y hubiera sido interesante que se ahondara en el deseo que siente Calígula por poseer el alma y el cuerpo de Escipión. Destacable también la interpretación de Xavier Ripoll y Borja Espinosa en los papeles de Helicón y Quereas respectivamente.

En definitiva, una obra con un texto sin fecha de caducidad, una producción que si la tiene y un elenco de actores correctos alrededor de una estrella.

Teatre Romea hasta el 10 de diciembre, teatreromea.cat

 

Cronica

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