Summer Evenings

 

(Photo by Tristan Cook)

By GONZALO VILLEGAS-CURULLA     JUL. 12, 2017

Lincoln Center, NY. Chamber Music Society

Brahms, Sonata chelo y piano op.38

Dvorak, Sonatina violín y piano op.100

Mendelssohn, Trío op.66

Wu Han (piano), David Finckel (violonchelo), Arnaud Sussmann (violín)

Abarrotado hasta los topes (recuerden que ya es verano, y sin embargo, no se ha notado el éxodo poblacional y la caída drástica de la programación cultural). Mezcla de estratos sociales desde lo más pudiente hasta los alumnos de cuerda saliendo de clase a borbotones con el instrumento a cuestas. Programa de mano de 50 páginas que no te intentan vender aparte. Después del concierto, los intérpretes reciben al público en un cóctel con cata de vino apto para todos los públicos.

La meteorología neoyorkina asegura una pincelada cómica en el recital, cual si acudiésemos a los antiguos números de Victor Borge: apenas un minuto después de empezar con Brahms, la cuerda para ese mi menor se fue descontrolada al país de las Bananas. Welcome to the New York humidity, fue la reacción de Wu Han cuando Finckel, tirándole de la manga, comunicaba que había que detener el recital. Take two, profirió al retomarlo. Una mezcla de comprensión, sonrisas, susurros y aplausos acompañan la bochornosa anécdota. Esta vez Finckel decide arrancar con un punto menos enérgico este diálogo sincopado junto al piano.

Esos fueron los contundentes entrantes de lo que pareció una “estrategia del sándwich”: número lucido, seguido de uno segundón, seguido otra vez de uno lucido. Aquel rugiente op. 38 de Brahms –un fantástico plato veraniego perfectamente marinado con Schubertiadas– da paso a un poco de Chequia. Cambio de cubiertos: entra en escena una sonatina demasiado académica, maquinal, en la que solo pianista enseñaba pierna y un Sussmann con su violín no tan celebrativo como fue concebida la partitura. Dvorak daba en 1893 nuevo aire a la tragedia familiar, asumía el puesto de director del Conservatorio de Nueva York, sus hijos cumplían edad suficiente para estrenar un número de opus para el que el checho se había estado reservando y para el que los medios dieron buen bombo y platillo.

En esta línea de anécdotas del patrimonio cultural cabe remarcar cuán agradecido es que hitos históricos como este o una orquestada 2ª Sinfonía de Rachmaninoff acaben en manos de preciados coleccionistas como Pierpont Morgan, en cuyos archivos y fondos el público general puede gustar de maravillas desde la biblioteconomía hasta rastros fundamentales de la civilización como sellos cilíndricos Mesopotámicos. Esta manera de cuidar la cultura, con una sólida legislación de donaciones y mecenazgos, patronos y sponsors, logra propiciar lo que me posibilita entender el final del recital: un público suficientemente instruido en formas y educación es proporcionalmente agradecido al entusiasmo que condensa el Trío de Mendelssohn. Han, Sussmann y Finckel arrancan como la pólvora, se toman la libertad de usar libremente licencias que logran un espectáculo vistoso a todos los ojos. Finckel (violonchelo y director del festival) hace un alarde de maestría supervisando desde su instrumento, y sin gota de sudor, un fantástico resultado para lo que el público ha pagado, una suerte de concepción de la dirección de escena muy woodyalleniana. El público es arrancado de sus butacas y a pies juntillas ovaciona sonoramente los protagonistas del encuentro.

Cronica

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